Siempre había amado la siesta. Desde que tenía memoría había sido parte de su vida, casi un ritual para partir el día en dos y recomenzar la tarde como un día cortito.
De un tiempo para acá se había inventado un hombre que la acompañaba en esos minutos de sueño. Sabía tocarla donde debía, sabía besarla, acariciarla, mejor dicho, follársela como Dios manda.
Este acompañante vespertino había sido creado a imagen y semejanza de su deseo, no era ninguno de sus amantes, pero tenía un poquito de cada uno, solo un poquito para que el cuadro fuera exitoso.
Pero ahora, por alguna injustificada y ridícula razón había dejado de dormirse, se concentraba en atesorar la imagen del tipo durante cada uno de los minutos que podía dormir. Ahora prefería mantenerse despierta, no porque se hubiera enamorado. No. Es que ahora se la están comiendo los celos por dentro, los celos de pensar que él también pueda entretener las siestas de otras.
lunes, 8 de septiembre de 2008
miércoles, 3 de septiembre de 2008
septiembre 3 de 2008, 10:15
Le contaron que el mundo se iba a acabar.
Que en 10 días, alguien había decidido hacer un ensayito de esos que pueden destruir el planeta.
y después del ataque de pánico obvio, porque por más escéptica que fuera, la idea terminar la vida en 10 días no era ni 5 de emocionante.
Sabía que tenía dos opciones.
Una era no hacer nada, creyendo que nda iba a pasar.
La otra era creer y hacer algunas de las mil cosas que tenía pendientes.
Como todas las suyas, tomó una decisión mixta.
No iba a creer, pero lo usaría como excusa.
Por primera vez en su vida no llegó a su casa a dormir, llego muy tempranito, a las 6 muy am, con la leche y el periódico.
Y se dió permiso de mirar más los pájaros cuando iba de camino a la ofi.
Prometió darle un abrazo a todos los de su familia.
Se prometió decir más las cosas que sentía, sobretodo las felices.
Ahora faltan solo 3 días para que de pronto se acabe el mundo y prometió que si eso no pasa, igual tratará de vivir más feliz, menos chiflada, menos quejosa.
El reloj corre hacia atrás...
Pero para ella la vida ha empezado a mirarla con otros ojos
Que en 10 días, alguien había decidido hacer un ensayito de esos que pueden destruir el planeta.
y después del ataque de pánico obvio, porque por más escéptica que fuera, la idea terminar la vida en 10 días no era ni 5 de emocionante.
Sabía que tenía dos opciones.
Una era no hacer nada, creyendo que nda iba a pasar.
La otra era creer y hacer algunas de las mil cosas que tenía pendientes.
Como todas las suyas, tomó una decisión mixta.
No iba a creer, pero lo usaría como excusa.
Por primera vez en su vida no llegó a su casa a dormir, llego muy tempranito, a las 6 muy am, con la leche y el periódico.
Y se dió permiso de mirar más los pájaros cuando iba de camino a la ofi.
Prometió darle un abrazo a todos los de su familia.
Se prometió decir más las cosas que sentía, sobretodo las felices.
Ahora faltan solo 3 días para que de pronto se acabe el mundo y prometió que si eso no pasa, igual tratará de vivir más feliz, menos chiflada, menos quejosa.
El reloj corre hacia atrás...
Pero para ella la vida ha empezado a mirarla con otros ojos
martes, 2 de septiembre de 2008
Septiembre 1 de 2008, 11:18
Yo insisto que la vida aveces se sienta en el bordecito de la nevera a reirse de mí... Mueve los pies, como un niño inquieto y se rie, con una risita burlona y tonta, insoportable porque no es contagiosa.
Las decisiones se deshacen con una palabra, incluso con un gesto o con una mirada de esas que escudriñan, preguntan cosas que yo no quiero contestar. Y entonces, como por arte de una magia incómoda, todo cambia.
Yo no entiendo qué hay dentro de mí, quisiera saber que hay mas que un enredo de hilos, que un cruce de cables...
Perdón al mundo por mí, perdón por ser vicitma de las circunstancias.
Las decisiones se deshacen con una palabra, incluso con un gesto o con una mirada de esas que escudriñan, preguntan cosas que yo no quiero contestar. Y entonces, como por arte de una magia incómoda, todo cambia.
Yo no entiendo qué hay dentro de mí, quisiera saber que hay mas que un enredo de hilos, que un cruce de cables...
Perdón al mundo por mí, perdón por ser vicitma de las circunstancias.
miércoles, 6 de agosto de 2008
Agosto 6 de 2008 21:00
Hace mucho tiempo que ni pensaba en él.
Ya ni siquiera le hablaba cuando lo veía convertido en una figurita verde seguida de su nombre en la pantalla del conversador.
Hoy, bajo la lluvia, mientras conducía, se vió sorprendida por un choque absurdo en un calle de esas donde casi nunca se encontraba a nadie.
Ella no lo vió, él sí. gritó su nombre y la tomó por sorpresa.
Por uninstante se amontonaron miles de recuerdos en su cabeza, fué cordial como siempre, pero no evitó reprocharle de forma muy sutil, porque había mas gente, que hace tiempo no le contestaba en el conversador.
Dijo que la llamaba y por un instante absurdo le creyó.
la lluvia siguió cayendo, lavandole la esperanza de recuerdos tontos y de angustias nuevas.
Ya ni siquiera le hablaba cuando lo veía convertido en una figurita verde seguida de su nombre en la pantalla del conversador.
Hoy, bajo la lluvia, mientras conducía, se vió sorprendida por un choque absurdo en un calle de esas donde casi nunca se encontraba a nadie.
Ella no lo vió, él sí. gritó su nombre y la tomó por sorpresa.
Por uninstante se amontonaron miles de recuerdos en su cabeza, fué cordial como siempre, pero no evitó reprocharle de forma muy sutil, porque había mas gente, que hace tiempo no le contestaba en el conversador.
Dijo que la llamaba y por un instante absurdo le creyó.
la lluvia siguió cayendo, lavandole la esperanza de recuerdos tontos y de angustias nuevas.
martes, 5 de agosto de 2008
Agosto 4 de 2008, 22:36
Es revelador cuando vemos la gente como es.
Hace muchos años la conoces y solo por un instante, se muestra la verdad detrás de la imagen, detrás de lo que se vende.
Caen máscaras, fachadas, corazas (parafraseando a Benedetti), y entonces quedan con el alma desnuda.
si todo fuera más simple, si no hiciera falta tanto disfraz, seguro sería más fácil ir pora la vida sin fijarse tanto donde se pisa, sin andar esquivando las rayitas de la acera.
Quisiera encontrar más personas, sobretodo de las cercanas, que sean capaces de quitarse el maquillaje del corazón y hacerse la vida mas sencilla, sin tanto cuento, sin jugar a ser tan fuertes, tan exitosos, tan lindos o ser simplemente lo que el mercado pide.
Que bueno que todavía hay gente que no se esconde, que sigue siendo quién es a pesar del mundo.
Hace muchos años la conoces y solo por un instante, se muestra la verdad detrás de la imagen, detrás de lo que se vende.
Caen máscaras, fachadas, corazas (parafraseando a Benedetti), y entonces quedan con el alma desnuda.
si todo fuera más simple, si no hiciera falta tanto disfraz, seguro sería más fácil ir pora la vida sin fijarse tanto donde se pisa, sin andar esquivando las rayitas de la acera.
Quisiera encontrar más personas, sobretodo de las cercanas, que sean capaces de quitarse el maquillaje del corazón y hacerse la vida mas sencilla, sin tanto cuento, sin jugar a ser tan fuertes, tan exitosos, tan lindos o ser simplemente lo que el mercado pide.
Que bueno que todavía hay gente que no se esconde, que sigue siendo quién es a pesar del mundo.
jueves, 10 de julio de 2008
julio 10 de 2008, 1120
Cuando miraba en retrospectiva comprobó que era cierto aquello de que la vida es irracional e impredecible como una cometa roja sobre el cielo.
Le habían dicho que todo pasaba, no solo lo malo, lo bueno también. En las manos tenía pedacitos casi irreconocibles de sueños que volaron como arena.
el espejo ya no era más su amigo. Sólo un inquisidor que le obligaba a mirar para otro lado, a veces para dentro suyo. Que cansancio solo ver algo real en mis propios ojos, pensó.
Que aburrido que el mundo real tenga que filtrarse por una pantalla para acceder a un poquito de afecto.
todo el mundo anda ocupado, todo el mundo tiene una vida, todo el mundo le pertenece a alguien y ella se pertenecía a sí misma. Ya no sabía si creer, como siempre, que era una fortaleza o la debilidad de encontrarse sola, sin dependencias pero también sin manos que abrazaran o que ayudaran a superar un mal paso.
Se lavó los dientes de afán, como casi siempre, y salió sin mirarse por última vez, la puerta bien cerrada, las llaves en el bolsillo, el último cigarrillo y la sensación permanente de saberse invisible mientras caminaba por un andén donde no habia gente.
El semáforo en verde y la decisión obstinada de cruzar... que raro era ver su alma aplastada por las ruedas de una volqueta.
Le habían dicho que todo pasaba, no solo lo malo, lo bueno también. En las manos tenía pedacitos casi irreconocibles de sueños que volaron como arena.
el espejo ya no era más su amigo. Sólo un inquisidor que le obligaba a mirar para otro lado, a veces para dentro suyo. Que cansancio solo ver algo real en mis propios ojos, pensó.
Que aburrido que el mundo real tenga que filtrarse por una pantalla para acceder a un poquito de afecto.
todo el mundo anda ocupado, todo el mundo tiene una vida, todo el mundo le pertenece a alguien y ella se pertenecía a sí misma. Ya no sabía si creer, como siempre, que era una fortaleza o la debilidad de encontrarse sola, sin dependencias pero también sin manos que abrazaran o que ayudaran a superar un mal paso.
Se lavó los dientes de afán, como casi siempre, y salió sin mirarse por última vez, la puerta bien cerrada, las llaves en el bolsillo, el último cigarrillo y la sensación permanente de saberse invisible mientras caminaba por un andén donde no habia gente.
El semáforo en verde y la decisión obstinada de cruzar... que raro era ver su alma aplastada por las ruedas de una volqueta.
miércoles, 25 de junio de 2008
Junio 25 de 2008, 08:20
Y bueno.
Ya sé que cualquier cosa que diga hoy no tendrá connotaciones de nada, ni de verdad, ni de mentira, ni siquiera de sospecha.
Sólo puedo decir algo que sonará a declaración, pero siendo así, no será ni remotamente parecido a una verdad o a una mentira o una sospecha.
Hoy, dentro de tanto enredo mental, sale a luz algo claro y sencillo. No tengo nada que decirle al mundo. Ni que me espere, ni que me olvide, ni nada digno de ser repetido o convertido en canciones, ni siquiera en una mala y cursi canción de amor.
No puedo hilar coherencia desde acá, donde me asomo cada día y veo que afuera, entre mi balcón y los otros, donde vive gente que no conozco, y tampoco me importa, solo hay bruma espesa, como yogur. A veces de verdad, a veces que me invento para no ver que hay más gente en el mundo.
Un cigarrillo, con agua de la llave. El tinto es tan laboral que me da pereza en casa, cumplir rituales de calentar agua, medir el café el azúcar y rogar para que no se pase de temperatura, para que no sea necesario buscar hielo en el freezer… más ritos superfluos que dilatan innecesariamente el placer de fumar y pensar.
Quisiera pensar en quienes no están. No en los muertos que tan decentemente ahora descansan de las carajadas diarias y tediosas. No, no en ellos. Pensar en quienes, vivos, no habitan ya mis espacios. Pero son divagaciones, más que certezas, especulaciones mezcla de recuerdo y contemplaciones sin sentido, sin nada que puedan convertirlas en realidad. Pensar en quienes están, en quienes llenan de pasos mis lugares comunes, mis habitaciones… Para qué decir lo que está dicho ya-.
Quiero pensar en quienes aún no sé si estarán o no. Pensar en cómo son, en sus olores y manías, en ese montón de cosas que los hacen quienes son. Cuáles toleraría y cuáles no, qué soportarían de mí y qué sería suficientemente fastidioso e incómodo como para hacerles arrepentir de haberme conocido.
Espero que haya alguna vez un motivo para que alguien desee no haberme conocido. Nada más tedioso que estar compuesto solo de virtud. Ser ese ser adorable del que nadie tiene quejas, que no levanta ni siquiera pasiones al ser un ser perfecto, intocable y muy pero muy decente, como quieren ser la mayoría de las mujeres. Sólo muy pocas tienen la capacidad de admitir que no les avergüenza enloquecer al mundo, detener el tránsito y crear deseos, pero más que el básico deseo de posesión. Es el deseo que genera la intriga, la pregunta de querer saber qué hay detrás de lo que parece ser. A veces no importa no ser, sólo parecerlo.
Ya sé que cualquier cosa que diga hoy no tendrá connotaciones de nada, ni de verdad, ni de mentira, ni siquiera de sospecha.
Sólo puedo decir algo que sonará a declaración, pero siendo así, no será ni remotamente parecido a una verdad o a una mentira o una sospecha.
Hoy, dentro de tanto enredo mental, sale a luz algo claro y sencillo. No tengo nada que decirle al mundo. Ni que me espere, ni que me olvide, ni nada digno de ser repetido o convertido en canciones, ni siquiera en una mala y cursi canción de amor.
No puedo hilar coherencia desde acá, donde me asomo cada día y veo que afuera, entre mi balcón y los otros, donde vive gente que no conozco, y tampoco me importa, solo hay bruma espesa, como yogur. A veces de verdad, a veces que me invento para no ver que hay más gente en el mundo.
Un cigarrillo, con agua de la llave. El tinto es tan laboral que me da pereza en casa, cumplir rituales de calentar agua, medir el café el azúcar y rogar para que no se pase de temperatura, para que no sea necesario buscar hielo en el freezer… más ritos superfluos que dilatan innecesariamente el placer de fumar y pensar.
Quisiera pensar en quienes no están. No en los muertos que tan decentemente ahora descansan de las carajadas diarias y tediosas. No, no en ellos. Pensar en quienes, vivos, no habitan ya mis espacios. Pero son divagaciones, más que certezas, especulaciones mezcla de recuerdo y contemplaciones sin sentido, sin nada que puedan convertirlas en realidad. Pensar en quienes están, en quienes llenan de pasos mis lugares comunes, mis habitaciones… Para qué decir lo que está dicho ya-.
Quiero pensar en quienes aún no sé si estarán o no. Pensar en cómo son, en sus olores y manías, en ese montón de cosas que los hacen quienes son. Cuáles toleraría y cuáles no, qué soportarían de mí y qué sería suficientemente fastidioso e incómodo como para hacerles arrepentir de haberme conocido.
Espero que haya alguna vez un motivo para que alguien desee no haberme conocido. Nada más tedioso que estar compuesto solo de virtud. Ser ese ser adorable del que nadie tiene quejas, que no levanta ni siquiera pasiones al ser un ser perfecto, intocable y muy pero muy decente, como quieren ser la mayoría de las mujeres. Sólo muy pocas tienen la capacidad de admitir que no les avergüenza enloquecer al mundo, detener el tránsito y crear deseos, pero más que el básico deseo de posesión. Es el deseo que genera la intriga, la pregunta de querer saber qué hay detrás de lo que parece ser. A veces no importa no ser, sólo parecerlo.
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